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Carlota Corredera, Para hablar de un libro sobre feminismo no es necesario contar que has hecho pis en una papelera

¡Qué mal gusto!

Artículo de ‘El Cotillómetro’

 

Ha ocurrido en directo durante el programa de telecinco Sálvame. Han querido preparar una sorpresa a la presentadora Carlota Corredera y para ello, le han contado que iba a recibir una visita de alguien muy especial. En lo que llegaba esa visita, le han encerrado durante unos minutos en un cuarto sin teléfono móvil, ni micrófono mientras iba acercándose a plató Cristina Cifuentes, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid.

Una vez pasado un corte publicitario, el colaborador Kiko Hernández, que había tomando las riendas del programa durante la espera de Carlota, fue a buscar a la presentadora y de repente espetó que Carlota Corredera había hecho pis en la papelera durante la publicidad. La presentadora lo corroboró asegurando que ella no se aguantaba más y no la quedó más remedio, ya que siempre tiene que hacer pis durante los cortes publicitarios. Después, en lugar de pis, utilizó otra más ordinaria que nos vamos a ahorrar mencionar.

Más tarde llegó la sorpresa de Cristina Cifuentes, quién le entregó un regalo que consistía en el libro que ha escrito la propia presentadora (en el que entrevista a la ex política del PP) y que hoy salía a la venta. A continuación, muy emocionada con la sorpresa y no sin antes haber soltado unas lágrimas, Carlota lanzó su típico discurso feminista, cargado de demagogia al que tiene acostumbrada a la audiencia.

Pues bien, ¿era necesario llegar a hacer pis en una papelera para conseguir audiencia y promocionar el libro de la presentadora?

Y, ya que el libro trata del feminismo, ¿quién creen que se habrá encargado de limpiar esa papelera ? Ellos no, desde luego. Me juego lo que quieran a que habrá sido  una mujer.

En una cosa estamos de a cuerdo con Carlota Corredera, tenemos mucho que avanzar.

Las palabras, frases hechas y reivindicaciones están muy bien, pero la realidad es otra y ella también participa de esa realidad. Cuánta hipocresía...