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Cuando Mila Ximénez confesó en el programa de Risto Mejide haber dicho una gran mentira por dinero

Medios creíbles

En el último programa de Risto Mejide, Mila Ximénez confesó haber dicho una gran mentira para vender. Lo confesó casi sin despeinarse, como si mentir por dinero en un medio de comunicación fuera lo más justificable del mundo. Mintió a sabiendas de que era muy probable que esa mentira hiciera un gran daño, pero ni se inmutó. Con ese aire de “perdonavidas” con el que esa mujer va por la vida. Y mintió en un programa que vivía del escándalo, como era “Crónicas Marcianas”.

La gente vive en un gran error en este país. Piensan, en general, que un medio es más o menos creíble en función de que sea más o menos grande.  En el caso que nos ocupa, en el de Mila Ximénez, nadie preguntó. Mintió en Tele5 y en Crónicas Marcianas y eso para mucha gente era casi “palabra de Dios”.

Mila Ximénez mete la pata

La mentira de Mila Ximénez

Volviendo a la mentira confesada por Mila Ximénez, esta dijo lo siguiente en “Crónicas Marcianas”, relacionado con una supuesta relación con la periodista de la COPE Encarna Sánchez:

«Nunca he sido su novia ni su amante, pero si me preguntáis si he tenido un encuentro sexual con Encarna Sánchez digo que sí». «Cuento este episodio y me dijeron ‘¿y por qué no dices que sí lo tuviste?’ y dije que sí que había pasado«.

Desconozco si en el momento en el que mintió de esa forma, Encarna Sánchez habría fallecido ya, pero importa bastante poco. Encarna Sánchez ha sido una periodista a la que no se ha respetado nunca, de ella muchos han hablado mal, pero sobre todo después de muerta, que es en el único momento que muchos se han atrevido a hacerlo.

Mentir de esta forma, hacer tanto daño al honor de una persona, viva o muerta, debería estar penado. O por lo menos castigado por parte del medio que mantenga a esa supuesta periodista, en este caso Mila Ximénez y Tele5. No se puede permitir algo así y mucho menos reconocerlo tan campante pasados los años. Es obsceno.

Después somos nosotros, los que no somos nadie, los que tenemos que demostrar nuestras verdades. Y somos nosotros precisamente los que tenemos especial cuidado en que todo de lo que hablamos sea verídico. Una vergüenza.

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