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La isla de las decepciones y los fanfarrones

Un producto penoso que para nada representa a nuestros jóvenes

Artículo de ‘El Cotillómetro’

Otra bazofia más de ‘Telecirco’

El nuevo programa ya grabado ‘La isla de las tentaciones’, conducido por la cantante Mónica Naranjo (qué necesidad ha tenido esta mujer de formar parte de semejante bochorno), es otra de las perlas que Mediaset ha puesto al servicio de la audiencia.

En este reality producido en colaboración con Cuarzo Producciones (productora fundada por Ana Rosa Quintana), cinco parejas ponen a prueba la fortaleza de su relación, conviviendo por separado en un enclave de lujo de República Dominica con un grupo de solteros y solteras en busca del amor y que les pondrán a prueba diariamente, es decir, les tentarán.

El morbo está servido

Está claro que la finalidad del programa es que algún concursante, cuantos más mejor, caigan en la tentación al verse seducidos por los solteros ( y el alcohol que pondrán a su servicio) y cometan la esperada infidelidad. A partir de ahí, el espectáculo estará servido.

Otro aliciente que se sumará al festival será el de las típicas broncas que se producirán debido al roce y la convivencia del día a día, cuanto más agresivas mejor, para dar más carnaza al asunto.

Este caldo de cultivo no puede decepcionar a una audiencia deseosa de ver cómo s se pondrán los cuernos delante de millones de españoles y de cómo se despellejarán unos a otros.

Lo que llama poderosamente la atención es que en una cadena donde la palabra feminismo se lleva grabada a fuego, siendo mencionada a cada paso y en cada espacio por parte de presentadores y colaboradores que presumen de serlo, después se vean las típicas escenas donde el hombre es el ‘musculitos’ que protege a su pareja y ésta se siente encantada con que la traten como a una ‘princesa’ sin dar la impresión de ser autosuficiente.

Esta gente que participa en esta clase de concursos, que parecen salidos de la cadena de una fábrica y elaborados como un producto bajo el mismo molde (cuerpos depilados, sin grasa, bien tatuados y con horas de gimnasio donde habrán ejercitado sus músculos pero no sus mentes), por fortuna no representa al grueso de la juventud de nuestra sociedad.

Mientras tanto, y gracias a la ignorancia y la estupidez de muchos, la productora y la cadena se frotarán las manos al ver cómo engrosan su facturación gracias a las marcas publicitarias que las respaldan.

Luego nos extrañamos de las estadísticas sobre las audiencias