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Lo que demuestran varios estudios sobre los que suben fotos continuamente a las redes

Situaciones ideales que no reales

Subir fotos a las redes sociales podría haber parecido una moda más, pero lo cierto es que para muchas personas se está convirtiendo en una verdadera obsesión.

Personas que muestran cada día fotos de lo que comen, con quién comen, su casa, sus fiestas, reuniones familiares, viajes, atardeceres bucólicos que, lejos de disfrutar de ellos, se preocupan más de sacar la instantánea para mostrársela a los demás. No importa la edad que tengan, desde adolescentes hasta los que ya van peinando canas, quieren enseñar al mundo lo felices que son. Están encantadas de haberse conocido, o así quieren mostrarse ante los demás.

¿Por qué esta obsesión?

Diversos estudios demuestran que compartir este tipo de contenidos de manera reiterada en plataformas como Facebook, Twitter o Instagram, es síntoma de poca autoestima, inseguridad y necesidad de aprobación por parte de su círculo de amistades, sobre todo en edades más jóvenes.

Si al publicar una determinada foto no se obtiene ningún ‘Me gusta’, o se obtienen menos de los que se espera, se produce un sentimiento de  frustración, ya que se tiende a la comparación con los semejantes. Pero el problema es que en las redes se tiende a exagerarlo todo, y eso deriva en una alteración de la percepción de la realidad.

 

Las redes sociales proporcionan una manera muy rápida, fácil y efectiva de comunicarnos, así como de estar al tanto de la vida de otras personas, de las cuales seguramente no sabríamos nada si no existiesen estas redes.

Un  estudio de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, llegó a relacionar el uso de Facebook con la propia infelicidad. Según ese estudio, aunque aparentemente el subir fotos a la red satisface la necesidad humana de sentirse conectado, en realidad lo que ocurre es que su uso mina el bienestar y la autoestima del individuo.

Si nos centramos en el WhatsApp, evidentemente el círculo se cierra, ya que nuestros contactos se reducen a familia, amigos, compañeros de trabajo o padres del colegio de nuestros hijos. La imagen de perfil es lo primero que se ve, es como si se tratara de nuestra carta de presentación, y la impresión que produce en los demás comienza con ella. Tras esa elección hay una serie de procesos mentales que surgen para evitar dar una imagen que no queremos dar.

Hay quien suele cambiar constantemente su estado en WhatsApp, mediante el uso de frases y fotos, mostrando sus más profundos deseos, sus necesidades y hasta sus frustraciones.

A través de los estados de whatsapp y las fotos de perfil, podemos detectar con facilidad si una persona está atravesando una crisis de pareja, si está decepcionada, si tiene la necesidad de sentirse atractiva de cara a los demás, sentirse admirada, pero también si quiere mostrar lo que no es en realidad.

Si no tenemos control ni ponemos especial cuidado, podríamos terminar obsesionados con dar una imagen que nada tiene que ver con la realidad y estos pensamientos obsesivos pueden hacer mella en nuestro bienestar psicológico.

Las redes sociales, en muchos casos, sirven más para mostrar lo que nos gustaría ser, no lo que somos, ya que desvelan una situación ideal y no real.