Ideas y soluciones para tu vida cotidiana

Merece la pena leer esta carta de la directora de una residencia de mayores

CUANDO SEÑALARTE DE NEGACIONISTA ES MÁS PELIGROSO QUE EL PROPIO VIRUS

«Durante varios años he sido directora de un centro de la tercera edad. Al inicio de la situación de emergencia sanitaria me encontraba de baja médica por cuestiones de salud. Se puede decir que me ha tocado vivir de manera diferente la pandemia y no diría que lo he vivido de mejor manera que mis compañeros, porque es mucha la impotencia que se genera en tu interior cuando ves que estás en guerra y tú no puedes estar en el campo de batalla, así es como definiría yo los primeros días de esta crisis sanitaria.

El haber vivido la pandemia desde otro plano, me ha permitido tener la calma y el sosiego que quizás los tiempos que nos ha tocado vivir requerían, y que el colapso que sufría el sector y sus integrantes no se lo permitía. También pude tener tiempo, ese preciado momento y gran desconocido para muchos de nosotros y que se nos escapa cada día, inalcanzable, debido al ritmo de vida frenético que llevamos como sociedad. Ese tiempo que la vida me estaba concediendo en formato “baja”, lo dediqué a investigar, no se me ocurrió otra forma mejor de ayudar a mi familia y a esta sociedad.

¡Cuál fue mi sorpresa!, que cuanto más investigaba, menos sentido encontraba a todo lo que estaba aconteciendo. Observaba que salían médicos en los medios de comunicación, casi siempre los mismos, pero si indagabas por las redes sociales estabas viendo a médicos, biólogos, virólogos que empezaban a ser sancionados y censurados por dar otra visión de lo sucedido. Yo me preguntaba ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podemos expedientar a médicos que están pidiendo sentarse con otros médicos para buscar soluciones conjuntas? ¿Cómo puede ser que se nos informe que no hay comité de expertos en uno de los momentos sanitarios más graves de la historia de nuestro país y no pase absolutamente nada? Estas preguntas y muchísimas más que me iban surgiendo a diario, basadas todas ellas en el sentido común, son las que me fueron convirtiendo para este sistema – a mi entender sistema perverso-, en una “negacionista”, en vez de una persona y profesional con criterio, libre pensadora y con sentido común. Y digo perverso, entre otras cosas, porque con la manipulación del lenguaje y las etiquetas creadas de la nada y vacías de contenido, que ya llevan años jugando entre nosotros para separarnos, se te juzga, se te aparta, se te señala y dejas de repente de ser aquella buena profesional que durante 13 años quisiste lo mejor para el sector y nuestros mayores.

Y sí, esa separación la he vivido durante este año. Como directora que no pude estar en el campo de batalla, se me ocurrió ponerme en contacto con compañeros directores de otros centros o profesionales del ámbito de la tercera edad, pero fue en vano, nadie me escuchaba, el mensaje no calaba, aunque les aportara información y les explicara, nadie dudaba de la versión oficial y aún dudando, por miedo, en algunas ocasiones, no daban opción a valorar otra realidad. Que conste que mi intención no era que me creyeran, nadie tiene la verdad absoluta, la intencionalidad era abrir debate, que buscaran información y quizás entre todos aclarar o reclamar, puesto que la unión hace la fuerza, que parte de verdad no se nos estaba contando. Cuando hay dos versiones, tan antagónicas en circulación, es que algo no era verdad. Con esa actitud lo único que hacía el sector era acogerse al dogma de fe y obviar a otros profesionales que aportaban otra realidad, sin sopesar si esa actitud de no mirar hacia los lados estaba siendo la más adecuada para nuestros mayores.

La indiferencia de todas las llamadas que hice, junto con mis ganas de hacer algo principalmente por nuestros mayores y por nuestro colectivo en general, me llevó a dar un paso más en solitario y utilizar mi perfil de LinkedIn profesional, en él tenía personas de mi área profesional agregadas y era la manera de ampliar mi voz en ese medio y arriesgarme una vez más con la intención de ser escuchada. He estado meses colgando noticias, informes, reflexiones, es decir, todo lo que no publicaban en la TV, porque durante meses las únicas olas que se veían a través de la pantalla eran las olas del miedo ¿ qué ganaban con eso? Y sí, publiqué y publiqué, para contrarrestar a los medios oficialistas, para abrir conciencia y me censuraban publicaciones, una, dos, tres,… hasta que me prohibieron publicar nada más en esa red. No fui la única, había más profesionales de otros sectores que fueron censurados. Sentí el calor y el apoyo de mucha gente en esa red, pero nadie de mi colectivo, el de la tercera edad. Siento aún en lo más profundo de mi corazón ese silencio frío.

Es fácil ser tachada de “negacionista” en un sector que vive en una perpetua disonancia cognitiva, donde el primado negativo ha calado en sus mentes más implícitas dirigiendo de manera inconsciente cada una de sus acciones y donde el sentido común dejó de ser una manera de ver la vida y de vivir nuestro día a día para convertirse en un verdadero desconocido y preferir que los demás tomen el rumbo de tus decisiones, porque el miedo y la ignorancia hacen eco en sus vidas.

Se les ha olvidado a muchos de los directores y profesionales del sector, que tenían una gran responsabilidad, y es procurar el bienestar de nuestros usuarios y procurar el bienestar es hacerse preguntas y tener la capacidad de escuchar todas las versiones y exigir la verdad, solo eso, siento que teníamos que haber exigido la verdad, como colectivo, con mente fría, apartando los miedos y sobre todo unidos y haciendo honor a lo que siempre hemos querido como profesionales, poner al usuario en el centro de todas nuestras atenciones. No lo conseguí, no lo conseguimos.

En el mes de diciembre volví a incorporarme a mi puesto de directora. Se iniciaba la campaña de vacunación. Todo un reto para mí, la propietaria y yo teníamos claro que no íbamos a coaccionar a nadie del personal para que se vacunara, lo cual me alivió bastante. Otra cosa fue, nuestros usuarios. Los propietarios tenían por convencimiento un gran interés en vacunarlos a todos, ¿es lo que quería el sistema, no?  pero yo no. Me fue muy fácil no tener que tomar esa decisión, porque solo había que respetar la voluntad de los usuarios y en el caso de no poder manifestarla por su situación cognitiva, nos servía la voluntad del familiar responsable.

El problema se me presentó cuando los cuatro usuarios que no tenían familia, la dirección, en este caso yo, tenía que firmar el papel del consentimiento informado como guardadora de hecho. Valga mencionar, que de informado tenía poco el documento y es que a los hechos me remito después de los efectos secundarios que están teniendo las vacunas en todo el mundo, entre ellas no solo los trombos y las muertes, si no su capacidad de generar reacciones magnéticas en nuestro organismo entre otros diferentes efectos. Solo espero que las autoridades sanitarias den respuesta rápida a esto, y a mi entender ya están tardando, mientras la catedrática Belén Esteban y otros influencers, animan a vacunarse con regalos y premios como es el caso de EEUU.  Volviendo a la vacunación de esos cuatro usuarios, solicité a fiscalía que tomaran la decisión por mí, básicamente y apelando al sentido común, no podía tomar una decisión sobre una mal llamada vacuna que no habíamos tenido el suficiente tiempo para valorar si en personas mayores con pluripatologías y polimedicados podía ser tan beneficioso como así se nos explicaba. Y sí, fiscalía decidió vacunarlos a los cuatro, consideró que era lo mejor. A veces pienso que en este punto fui cobarde, y tenía que haberme plantado, pero cuando tienes a todo el mundo en tu contra, lo que buscas es la paz de tu alma y creo que así conseguí esa paz y poder dormir por las noches, la decisión no la tomé yo, la tomó el sistema por mí.

Hoy después de más de un año, el sector sigue pensando lo mismo, sigue actuando de la misma manera, sigo sola en esta lucha y lo digo porque nadie ha descolgado el teléfono para comunicarse conmigo, será por ¿vergüenza?, ¿convencidos aún de la versión oficial? ¿miedo? ¿ignorancia? ¿disonancia cognitiva? ¿egos? ¿intereses? Me pregunto, cuantas olas se pueden crear manteniéndose aferrados en cada una de estas posturas. El virus aún no ha sido aislado, la mal llamada vacuna no inmuniza, manipulan los ciclos de las PCR para adaptar las olas al antojo de quien manda, habrá tantas cepas como gente vacunada haya por países y sacaran la cepa de cada pueblo y si hace falta de cada barrio y si me apuras la de comunidades de vecinos. ¿En serio que el problema es el negacionista? ¿En serio que un virus apocalíptico va a acabar con la especie humana? Creo que lo que va a acabar con nosotros es vuestro miedo y eso, si la mal llamada vacuna no lo consigue antes.

Lo hecho, hecho está, la pregunta es ¿vamos a permitir que les hagan lo mismo a nuestros hijos? Empieza su campaña de vacunación, lo siento, pero los niños no se tocan

Fuente: El Diestro