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¿ Por qué la afiliación a sindicatos en España está bajo mínimos históricos?

La afiliación sindical alcanzó en 2019 su nivel más bajo en 30 años

Artículo de ‘El Cotillómetro’

Los sindicatos en España están reconocidos en la Constitución de 1978. Así se recoge en su artículo 7: «Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos».

¿Realmente representan a los trabajadores y defienden sus derechos?

Según un informe de la OCDE  (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), el nivel de afiliación sindical en España ha alcanzado su mínimo desde 1990, llegando al 13,7% y siguiendo una caída suave pero continua desde principios de década.

La negociación colectiva no está pasando por su mejor momento y los sindicatos tienen verdaderas dificultades para atraer a nuevos afiliados.

Son distintos los motivos que han dado lugar a esta debacle: El dominio de las microempresas en el tejido empresarial, los coletazos de una severa crisis económica que azotó a nuestra economía, la precariedad laboral, la pérdida de peso de los trabajadores fijos, las nuevas tecnologías, el surgimiento de nuevas iniciativas de organización de trabajadores…pero, sin lugar a dudas, el motivo principal lo lideran los escándalos que acumulan los dos grandes sindicatos. El más conocido, tanto por su desorbitada cuantía económica malversada de los fondos públicos (nuestro dinero) como por la larga lista de imputados, de forma indiscutible, ha sido el caso de los ERE de Andalucía.

 

El fraude millonario cometido por el sindicato UGT con las subvenciones recibidas de la Junta de Andalucía entre los años 2009 y 2013, se ha convertido en el mayor escándalo de corrupción de la democracia española, donde han sacado provecho y se han lucrado unos pocos a costa del dinero de los contribuyentes (nuestro dinero).

La financiación de los sindicatos españoles depende, mayoritariamente, del erario público, de modo que responde claramente a intereses partidistas. Podrían resultar útiles siempre y cuando trabajasen para representar los intereses de sus afiliados y dependieran únicamente de las cuotas que éstos aportaran voluntariamente para cubrir sus gastos básicos, tal y como sucede en otros muchos países. Pero, por el contrario, su dependencia de los fondos públicos ha hecho que se hayan cometido todo tipo de irregularidades haciendo que se pierda la confianza en ellos.

Como siempre, quien paga el pato en todo esto son, además de los trabajadores, los representantes sindicales que se sitúan a escalas muy inferiores y que trabajan por defender los derechos de sus compañeros, con los que conviven diariamente y que, por desgracia, son los que conocen muy de cerca los verdaderos problemas que padecen.