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Por qué no deberías comer la corteza del queso

Mucho cuidado

El queso es un alimento  que se obtiene a partir de la coagulación de la leche y posterior separación del suero. Sus diferentes variedades dependen del origen de la leche empleada, de los métodos de elaboración utilizados y del grado de madurez alcanzada.

En España hay más de 150 tipos de queso, de los cuales hay 32 denominaciones de origen protegidas.

Por lo general, aunque hay personas que no lo toleran, el queso es un alimento que gusta a casi todo el mundo, tanto que hay quien se come hasta la corteza.

Pero deberíamos tener mucho cuidado:

Lo más común es que los consumidores no seamos conocedores de las características que tiene la corteza del queso que hemos adquirido.

Si se trata de un queso artesano, la corteza es natural. Se va formando durante el proceso de maduración, por lo que su composición es similar a la del propio queso, aunque con una textura mucho más dura debido a la pérdida de agua que se produce en la parte más externa y al asentamiento de comunidades de microrganismos.

 

Por tanto si adquieres un queso directamente de una fábrica y éste está envuelto, puedes comer la corteza sin ningún problema, ya que, según aseguran desde Laboratorios Arroyo, suele ir recubierto de un blanco micelio de Penicillium por lo que  no sólo que se puede comer sino que consumirlo con “corteza” mejora ampliamente la experiencia de la degustación del producto. Ahora bien, si el queso ha estado expuesto pudiendo ser tocado por cualquiera, según aconsejan algunos expertos en nutrición, no deberías comerla.

Pero también están las cortezas artificiales.

Son las cortezas de los quesos industriales, para cuya eleboración, y con la finalidad de preservar su interior, evitar la desecación o la contaminación por agentes externos, se elaboran con el uso de plásticos, ceras, parafinas y pinturas que, aunque algunas sean aptas para uso alimentario, su consumo no es recomendable. A estas cortezas se las puede distinguir perfectamente por su brillo, color negro (como el caso de algunos quesos semicurados que se venden en los supermercados) o rojo, mucho brillo y aspecto plástico y su textura.

En el etiquetado de algunos quesos debería figurar la leyenda “corteza no comestible”, cuando se utilice una pintura no comestible, a fin de que el consumidor no la ingiera ya que ni se trata de un alimento ni aporta ningún beneficio.

Aunque parezca una obviedad, no se deberían comer las cortezas artificiales ni tampoco algunas naturales.