Ideas y soluciones para tu vida cotidiana

Una periodista denuncia el abandono médico sufrido por su madre que acaba de fallecer

«A mi madre le arrancaron su dignidad. La trataron humillante y vejatoriamente aferrándose a la denostada e ignorada baza de la salud mental.»

Una periodista de Canal Sur Televisión llamada Rocío Arauz, pide difusión en las redes sociales a fin de dar a conocer el duro y estremecedor periplo vivido con la enfermedad sufrida por su madre y la falta de atención de los especialistas de varios hospitales andaluces a los que acudió.

Así cuenta esta terrible experiencia:

«Mi madre no ha podido luchar. No la han dejado pelear contra el cáncer NO diagnosticado que se la ha llevado. HILO 🧵. Ruego difusión.

Cuando después de varios años de peregrinaje por más de cinco hospitales y DECENAS de visitas a diferentes especialidades médicas por fin dieron con la justificación de sus insufribles dolores, era tarde: la metástasis ya le había provocado un fallo multiorgánico.

Ha agonizado a alaridos durante años sin ser atendida. Ha sufrido un trato denigrante y vejatorio con un falso diagnóstico de demencia al que se aferraban cuando mi madre gritaba de dolor pidiendo auxilio.

Con el recurrente pretexto de que era «paciente de salud mental» la mandaban de vuelta a casa sin las pruebas que habrían justificado el origen de su indecible sufrimiento. Mi madre llegó a intentar quitarse la vida del dolor tan incapacitante que sufría.
Es humillante que con esas hipótesis y la evidente depresión que le produjo su inhumana situación, tampoco considerasen de extremada prioridad tratarla desde Salud Mental.

En los últimos dos meses la acompañamos más de una decena de veces a centros hospitalarios clamando ayuda para que la asistiera un facultativo que le prestase atención, sin suerte. «Imposible que le duela. Lo hace para llamar la atención» me repetían mirándome a los ojos mientras a ella la devoraba un cáncer indescriptiblemente doloroso sin prescribirle ninguna prueba diagnóstica.

El paralizante dolor la postró en una cama sin diagnóstico. También era «normal, con esa conducta tendente a la somatización». Dejó de caminar e incorporarse de un día para otro -literalmente -.

Mi madre perdió 20 kilos en poco más de un mes, pero era porque «ha dejado de comer para llamar la atención. Exagera».

La semana pasada mi madre llegó con un hilo de vida a este último hospital donde ha fallecido. La traje para tratar de que un neurólogo pudiera determinar qué le estaba produciendo las últimas confusiones que presentaba.
En menos de 24 horas, el diagnóstico demoledor:
en la primera analítica aparecieron los marcadores tumorales muy altos. En el primer tac craneal: manchas metastásicas en el cerebro; en el tac de abdomen: cáncer metastásico de colon perforado. Había sufrido un infarto del que ni siquiera se había quejado.

A mi madre el fallo renal provocado por la metástasis le produjo una encefalopatía urémica que le distorsionó en sus últimos días la percepción y capacidad de expresión o relacionarse.

A mi madre no solo le arrebataron su derecho a pelear. A mi madre le arrancaron su dignidad. La trataron humillante y vejatoriamente aferrándose a la denostada e ignorada baza de la salud mental.

Yo la acompañé a muchas de esas citas médicas y la he acompañado hasta su final. Ha muerto mientras le acariciaba la mano con todo el dolor de mi alma devastada.

A mi madre no le han dejado luchar. Yo lo voy a hacer por ella y por su dignidad.

Te quiero, mami. Te quiero, princesa.»